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tantopeorparaloshechos

inicio así

Puedo no escribir. Como anoche, como en el futuro, como antes de que ese libro fuera para mi persistente resistencia lo que el águila para el hígado de Prometeo. Puedo no escribir, ya lo sé. Catarsis, egolatría, expresión creativa, quién lo sabe. Dónde va lo que nos quita el olvido. En algún lugar de mí persiste, sin dudas. Pero vaya, no está aquí para mi juego, para mi deleite, para mi charla, para mí. Y entonces me lo propongo, como quien trabaja. Me siento ante el blanco vacío y decido escribir. No quiero hacerlo. Puedo pero no debo, quiero pero no creo, siento pero no puedo. Quiero poder creer hacerlo. Puertas que se van cerrando: aquella de ‘no hay ley’ como cuerpo de reflexión, como conjunto de pensamientos asociados. No hay ley, hay azar, caos y entropía. Y allí viene mi sucia memoria, mi asquerosa y poco selectiva memoria con sus gastados artilugios. Aquí viene mi memoria: hay ley, hay necesidad, hay deseo, hay regularidades. Ahí viene la regularidad de Lucía: 80% de los pacientes que se presentan con ACV (accidentes cerebro vasculares) son desocupados. Historias que otras memorias consagrarán con el olvido. Un hombre olvidado quería cobrar una indemnización para comprarse la casa luego de su acv y de su infarto. Cobró la indemnización, se compró la casita y luego se separó de su mujer, no pudo vivir en ella.

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